Era un día de aquellos, nostalgia, angustia, pena,
conspiración y depresión, una pena de amor, caminaba hacia un no destino, sabía
dónde iba pero no lo quería, solo quería huir, pasaron horas y horas y tropecé
con una roca, vi tres fotogramas caí, era yo de pequeño, yo graduado de 8° u
otra del año pasado, aparecía solo en aquellas imágenes, pero salía feliz, al
topar con el suelo y mis pies vi sangre caer, una espina clavada en mi rodilla
y lo demás raspado pero sangrando, estaba perdido, solo incomunicado, y
lastimado, me preguntaba qué hacer y como pude bajo un árbol me senté y grite
por si alguien me escuchaba, era un cerro frondoso pero sin nadie y me
preguntaba el por qué, pero despabilé y me pregunte por que llegue ah, en ese
momento de caminar todo era música y pensar que hago y debe hacer, para un poco
de cariño obtener o simplemente ahora quiero a la tristeza y me lo negaba
rotundamente, me bajo una pena, pensaba en todo, se acumulaban mis penas, ver y
saber de otras penas y sentirme parte de ella, simplemente me sentía una mierda
y como mierda las moscas a mis pies ensangrentados se acercaban y como podía
las alejaba y de a pronto se fueron junto al sol y ahí estaba yo con la luna,
las estrellas y unos mosquitos, era una soledad humanamente infinita y de tanto
pensar sin darme cuenta dormido quede. Al día siguiente al despertar vi un
pájaro muy cerca mío y cantaba placentero, cerré los ojos y quieto me quede
hasta que el pájaro solo se fue, lo disfrute y sonreí, mire la herida y
cicatrizada estaba y vi un sol fuerte dispuesto a acompañarme, me paré y corrí,
corría y corría todo seria para alejarme y volver a casa y así fue, pasaron días
y días y vivía en una rutina, buscaba y seguía a los pájaros, pero ninguno
cantaba igual al de ese día, decidí volver al lugar donde caí a ver si estaba
por ahí y busque por muchos alrededores y no lo hallaba, me resigne y decidí
devolverme, gire y camine y a los seis pasos tropecé, pero esta vez no había
herida alguna y al pararme frente a mí el pájaro estaba y se puso a cantar y
una sonrisa en mi cayo. Ese momento aún lo recuerdo y el pájaro a mi patio
llego y su ultimo canto me dedico y por si siempre callo, el pájaro seguía su
vida y yo la mía, yo llegaba día a día esperanzado que cantara pero no lo hacía
y yo le daba comida, migas, pero aun así no cantaba y tan solo mirarlo era una
ilusión en mi sonrisa, yo aún seguía esperanzado por la llegada de aquel amor
que un día por el miedo huyo y los años pasaron y el pájaro en mi patio seguía,
se notaba su vejez, no volaba como antes, un día de abril salí a caminar hacia
el mar y veo a ella, una musa, una diosa, al tan solo mirarla fui, corrí, la
abrace y la bese, toda una tarde de alegría y a mi casa nos dirigimos, al
llegar estaba el pájaro esperándome y silbo un canto nuevo, único, nos miró y
al suelo cayo y yo rápidamente fui pero ya era tarde, aquel pájaro murió, uno
alegría y un dolor aquel día en mi interior, toda alegría conllevaba a un
dolor.
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